martes, 24 de abril de 2007

Editorial para Hijitus

Ayer estaba pensando...y aparecio tu imagen. El hada que vino de Banfield y yo hemos detectado que sabes mas del universo de lo que decis saber.
Pensaba, un poco asustado por tanto apagon neuronal, que tu rayo misterioso es tu sonrrisa, que aun no vi y que la explicacion que me vas a dar del universo se va a expresar en un alarido.

Es que es ese mi temor
que confunda tu sabiduria, tu sintesis del mundo en un alarido,
y yo te de la mamadera..
Pasado el susto dejo aca unos versitos desparejos que se leyeron en la Escuela municipal de Hadas y que la directora El hada que vino de Banfield le puso un muy bien felicitado.




Dulce ser

Hijo que vas a hijar mi vida,
mi vida.
Barriletito de nubes,
barquito que viene navegando,
Hijo, hijita que vas a hijarme,
llenandome de padresedad.

Pequeñito velerito, botecito de miel,
vienes remando, que dale, que dale,
que viene, que viene despasito,
con vientito a brisa de mar.

Nosotros somos tu muelle,
que te recibe, que te acobija,
que te vera sarpar, donde recalaras.
Hecho de buenas maderas, de buenas
y mas buenas siestas, soles.


Hijito de tu madre,
girando en el astillero de amor,
vientre calentito, sonrrisa intuida.


Hijito que hijaras mi vida
hijito, hijita que me llenaras de infancia.
Hijito hijita que me vas a padreser,
que no amainare un minuto mi padreismo,
y sere todo el amor que pidas,
hijito, hijita, mio, tuyo,
tuyo tuyo,
mi vida...
toda.

El maltes.

















ESTABLOS


Establos,
donde yacen los hombres caballos,
rumean aires partidos en llanto.

Establos,
donde descansan sus muelas partidas,
hombres caballos tiran para adelante sus latidos,
cierran los párpados con seguridad,
creyendo defenderse así del paso de la historia.

Hombres caballos, lejos del mito romántico,
son números que transpiran y mueren,
mueren maldiciendo a sus jinetes,
cuando se guardan como rocas secas,
en su establo cuna y ataúd.

Establos,
donde la noche es un paño frío,
donde se intenta volver ,
a la condición humana,
a su fin ultimo,
a intentar volver a ser, sin estigmas,
un hombre,
un ser.
Mercurio


LA DESGRACIA

Pensar que nunca creyó en las desgracias, no es que nunca le hubiese pasado nada en la vida sino,que como buen optimista que es, ningún hecho desafortunado del pasado lo atribuía como tal. Realmente siempre penso que las cosas desafortunadas ocurrían para algo, entendámonos, no por algo, sino para algo.
Aquella vez que pincho un neumático en el medio de la carretera, sin mas humanidad que el mismo, no fue sino para hacerle ver que antes de hacer un viaje hay que prever todo, en aquella oportunidad por ejemplo, la conveniencia de llevar un buen gato.
Otra vez desayuno demasiado antes de tomar el aliscafo a Colonia y en medio del viaje con río revuelto se lanzo hasta el apellido; ergo, no desayunar mucho antes de tomar el aliscafo.
Particularmente, esta forma de ver las cosas le ayudo a llegar a la edad avanzada sin repetir mas de una vez los errores, en efecto, el hombre aprendía .
Los hechos se sucedían con tal o cual fortuna pero todos sin excepción ,con algún justificativo lógico, se quedo sin trabajo en mas una oportunidad, lo dejo alguna novia, se corto el dedo con un vidrio, pero para don Goyo en eso esta el aprender a vivir . Y no se equivoco, meticuloso y vehemente, cuando Goyo decía, ¨así no¨, pues bien, era porque así no ha de ser. Y de esa acumulación de pruebas y errores solidifico su vida.

Pero ayer...
Ayer fue una desgracia, justo cuando empezaba a pensar que las desgracias le seguían de largo como la pelota se le mete al arquero en un penal. Con la misma cara, Don Goyo quedo impotente.

El mate aprontado en una mano, sin mojar tan siquiera la yerba, con el silencio de una casa que suspendió hasta el ultimo ruidito, un segundo fatal, como cuando una tribuna ve que le patean el penal.
Y después el derrame inevitable de injurias y blasfemias, carajeadas y maldiciones que rebotaban en las paredes y en los cacharros de la cocina amplificando lo que brotaba de su boca a medio desdentar. Mil infiernos se despertaron con la sacrílega oratoria, declamaciones apestosas, irrepetibles infamias a fulano o mengano.


Todo eso exalto al apático gato ( el vivo no el del auto), el bicho se levanto con los pelos erizados, dudo entre ir junto a su amo o esconderse atrás del lavarropas. Opto finalmente por lo ultimo, so temor de ligarse una regia pateadura, que por su altura calzaba justo para la alpargata bigotuda de Don Goyo. Patada que no quería conocer ya que dado la intuición animal la supuso mas digna de un Chango Cárdenas que del viejo, pero en esas instancias...el desahogo era cruel.

Ay! Infiernos, maldita la hora 16.30 que quedara registrada en la memoria para el resto de la vida, y que además le vino a romper todo su esquema de previsiones, de errores superados y de una vida sin desgracias.

Y ahí estaba él, ya un poco menos infamante, viendo su desaire hecho vidrios y vapores, sangrando sobre la mesa.
Pero luego que le paso el aturdimiento no se amilano, en la primera de cambio agarro su sillita de matear, la radio y el mate y se fue a sentar al umbral de su casa como todas las tardes.

Ay! Desgracia desgraciada...Desgraciada!, ni todo el verdor de la barriada, ni la brisa dulce de un octubre templado, ni toda la claridad del final de la hora de la siesta le sirvieron para suplir una carencia irrefutable, para colmo no había lógica posible en ese momento.
Apenas el murmullo de la radio le desviaba la atención, el mate en la mano, seco como bolsillo de cura, aprontado para nadie.
Algunos botijas le pasaban extrañados de verlo así como un pedazo de ausencia en la vereda. Don Goyo estaba desinflado como cuando Nacional pierde contra el Rampla.
De a ratos giraba su cabeza hacia la cocina y emitía un sollozo propio de las niñas de las novelas.: que desgracia!, hay que joderse che!

Y no hay caso, no entendía nada, le faltaba algo, algo bajo la axila, como si le faltase una costilla, se le ausento un pedazo de él.
La desgracia le vino sin avisar como suegra metida y se le enquisto de tal forma que todo su optimismo se le fue por la zanja de la vereda y lo había desfigurado.

Al rato cayo su vecino, Don Pocho que al verlo así creyó que se le había muerto la gallina ponedora. Después de un rato tosió y se apronto a decirle algo pero finalmente no se animo, Don Pocho, toda gordura él como su nombre lo indica, rápidamente comprendió la situación de su amigo-vecino y se aboco a compartir el dolor.

Don Goyo apago la radio y ambos quedaron en silencio, como de velorio, nada se movía en torno a ellos, Goyo en su sillita de matear desvencijada, Pocho apoyado contra la pared. Ni un chingolo asomo por allí, ni las habituales moscas, ni una mísera picazón de tobillo, nada.
Al cabo Pocho pareció despabilarse como por arte de un castañazo, hurgó en el bolsillo de su camisa y extrajo de el un cigarrillo sin identificación o procedencia a la vista. Lo encendió de una pitada larga y luego exhalo el humo pesadamente, volvió a mirar a su amigo.

Instantes que se congelaron, ahora vuelven a la vida, Don Pocho escupió una hebra de tabaco que le había quedado entre dientes y resuelto a todo decidió alzar la voz, y así nomás como tirando bosta al pozo le espeto a don Goyo : Pero che! Tanta historia por un Termo rasposo!.

El gato confianzudo que no oía ruido había salido de su escondite, pero otra vez se le volvieron a erizar los pelos y ahora sin dudar se fue a esconder a la terraza, porque supuso acertadamente que ya el lavarropas no era un escondite seguro..









Washington Luna