BALSAMO
A mis amigos, de la tarde infinita, eterna, de la esparraguera de Giles.
Verde, por todos lados verde. También manchas negras y las manchas de carne, en medio del mar verde vegetal, verde el silencio, la esperanza, la paz, la muerte y el viento.
Mar de pampa verde madre de todo, murmullo telúrico, terroso, verdoso y mas verde aun.
Así, de tarde de verano, el sol que exalta reverberando en las hojas de los álamos, de los eucaliptos y de los sauces próceres.
Es difícil hablar de la compleja simpleza del campo, intento ahora cerrando los ojos.
Primero, la amplitud, el espacio total, la tierra en su cuadratura verde de pastos y alfalfas, en el costado están los árboles como majestuosos pilares de la infinita bóveda celeste, resaltada caprichosamente por furtivas nubes . Cielo abierto, tan abierto que se puede ver a Dios, y por eso bajo la mirada....
Al costado de los árboles lejos de la salpicadura del sol la zanja de barro curiosamente húmeda, mas allá el alambrado como un pentagrama del viento y después mas verde y tierra.
Llega ahora el olor del eucaliptos y del tilo, se funde con el perfume a tierra mojada de la zanja y de algún terreno arado por allá.
El águila barata criolla esta posada por allá indiferente, ya sabemos que no hay que gastar pólvora en chimangos. Curiosa la tijereta en el alambrado mira desconcertada el nido del hornero, mas allá cabecitas negras y jilgueros, griterío de bichos feos y mugidos lejanísimos.
Ahora suspiro de alegría, pongo mis manos en la tierra y me inundo de pampa, apoyo mi cara en la tierra y la madre me lame el rostro, tengo ganas de besarla.
La brisa de verano corretea entre los árboles haciendo que estos se quejen, zumban las ramas como moscas con raíces, siento los dedos de la brisa que viene del sur subiendo por mi espalda y me hunde la cabeza en la tierra y me duermo así, como algo verde .
Pero no estoy solo, si miro bien veo a mis amigos, un auto desafinando en medio del paisaje sueña con volverse caballo, pero es auto y es mío y esta como pastando, mi viejo doce, criollo y valiente .
Ronda de vagos, allí tirados, resabios de un mate amargo que circula por vicio, agua caliente y bostezos . Uno habla ahora, no le entiendo pero me rió, todos en cuero, sin las zapatillas, fumando como para desafiar al aire.
Otro escupe al costado y se detiene como si le llamaran la atención, otro tiene ganas de cagar y tiene vergüenza de hacerlo por allí, detrás de los árboles. Yo también tengo ganas pero me quedo tranquilo mientras la transpiración no aumente, estoy empachado de campo.
Alguien se quedo dormido y le rondan dos abejas, el resto hablamos susurrando y nos reímos lentamente.
Escucho a lo lejos un jinete y un perro, aumenta el viento un poco pero se calma y el jinete y el perro ya no se oyen . Infinita soledad, tengo fiebre de campo, santo campo, soy un naufrago en este mar de pasto y boca arriba el océano inalcanzable, indecible, es un grito murmurado que anda y anda.
Mi amigo fue y cago en la zanja y esta aliviado porque no lo hizo bajo un árbol, muy humano lo de el. Yo me aguanto no tengo urgencia, somos humanos y no poesías, el campo es poesía y lo extraño con mis entrañas y con mi boca.
No puedo olvidar la vez que me beso la madre verde, se adentro en mi alma y no salió.
Así, somnoliento de invierno, detrás de mi ventana de barrio porteño, del sur, me acorde del campo, yo soy ladrillo de ciudad y me gusta la tierra. Hoy que estoy húmedo de urbe, tengo nostalgia de un pago que no es mío pero del que soy parte, al fin de cuentas somos hijos del mismo padre.
A mis amigos, de la tarde infinita, eterna, de la esparraguera de Giles.
Verde, por todos lados verde. También manchas negras y las manchas de carne, en medio del mar verde vegetal, verde el silencio, la esperanza, la paz, la muerte y el viento.
Mar de pampa verde madre de todo, murmullo telúrico, terroso, verdoso y mas verde aun.
Así, de tarde de verano, el sol que exalta reverberando en las hojas de los álamos, de los eucaliptos y de los sauces próceres.

Es difícil hablar de la compleja simpleza del campo, intento ahora cerrando los ojos.
Primero, la amplitud, el espacio total, la tierra en su cuadratura verde de pastos y alfalfas, en el costado están los árboles como majestuosos pilares de la infinita bóveda celeste, resaltada caprichosamente por furtivas nubes . Cielo abierto, tan abierto que se puede ver a Dios, y por eso bajo la mirada....

Al costado de los árboles lejos de la salpicadura del sol la zanja de barro curiosamente húmeda, mas allá el alambrado como un pentagrama del viento y después mas verde y tierra.
Llega ahora el olor del eucaliptos y del tilo, se funde con el perfume a tierra mojada de la zanja y de algún terreno arado por allá.
El águila barata criolla esta posada por allá indiferente, ya sabemos que no hay que gastar pólvora en chimangos. Curiosa la tijereta en el alambrado mira desconcertada el nido del hornero, mas allá cabecitas negras y jilgueros, griterío de bichos feos y mugidos lejanísimos.
Ahora suspiro de alegría, pongo mis manos en la tierra y me inundo de pampa, apoyo mi cara en la tierra y la madre me lame el rostro, tengo ganas de besarla.
La brisa de verano corretea entre los árboles haciendo que estos se quejen, zumban las ramas como moscas con raíces, siento los dedos de la brisa que viene del sur subiendo por mi espalda y me hunde la cabeza en la tierra y me duermo así, como algo verde .
Pero no estoy solo, si miro bien veo a mis amigos, un auto desafinando en medio del paisaje sueña con volverse caballo, pero es auto y es mío y esta como pastando, mi viejo doce, criollo y valiente .
Ronda de vagos, allí tirados, resabios de un mate amargo que circula por vicio, agua caliente y bostezos . Uno habla ahora, no le entiendo pero me rió, todos en cuero, sin las zapatillas, fumando como para desafiar al aire.
Otro escupe al costado y se detiene como si le llamaran la atención, otro tiene ganas de cagar y tiene vergüenza de hacerlo por allí, detrás de los árboles. Yo también tengo ganas pero me quedo tranquilo mientras la transpiración no aumente, estoy empachado de campo.
Alguien se quedo dormido y le rondan dos abejas, el resto hablamos susurrando y nos reímos lentamente.
Escucho a lo lejos un jinete y un perro, aumenta el viento un poco pero se calma y el jinete y el perro ya no se oyen . Infinita soledad, tengo fiebre de campo, santo campo, soy un naufrago en este mar de pasto y boca arriba el océano inalcanzable, indecible, es un grito murmurado que anda y anda.
Mi amigo fue y cago en la zanja y esta aliviado porque no lo hizo bajo un árbol, muy humano lo de el. Yo me aguanto no tengo urgencia, somos humanos y no poesías, el campo es poesía y lo extraño con mis entrañas y con mi boca.

No puedo olvidar la vez que me beso la madre verde, se adentro en mi alma y no salió.
Así, somnoliento de invierno, detrás de mi ventana de barrio porteño, del sur, me acorde del campo, yo soy ladrillo de ciudad y me gusta la tierra. Hoy que estoy húmedo de urbe, tengo nostalgia de un pago que no es mío pero del que soy parte, al fin de cuentas somos hijos del mismo padre.

El maltes
3 comentarios:
y si ponen ahi la escuela de hadas?
el aire dulzón del verano arrulla la siesta de los pájaros en la coipa de los árboles, El almacén esta cerrado, y el bar cobija restos de colillas y vasos de cerveza, wisky y tinto derramado.. En una vereda sin pasos, un perro se rasca desganado a la sombra de un viejo galpón de un taller mecánico.
El calor se impone como toque de veda, y el silencio gobierna como en día de prueba.
Descansan del almuerzo los cubiertos en la pileta y el mantel cubierto de miguitas sobre la mesa de la vieja... el pueblo esta en calma.
Diciembre.
Veo el sol estallando en la copa del arbol que baila una canción de Radiohead con el viento, y me acuerdo de vos jugando a entenderme.
Me bebo en el silencio del arroyo que calla al pensamiento y arruya al hombre.
Un borrego pesca orgullozo con su caña a riel, mientras niñas de senos pequeños y risa facil sueñan en dialogos en ronda sobre el pasto.
¿tendran jamón crudo en la dsespensa? un acervecita no vendría nada mal
Que lindo son los árbol luego de la lluvia.
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