jueves, 28 de junio de 2007






Y bailó Julio Bocca!

La Escuela Municipal de Hadas contó con el honor de ver bailar al gran Bocca en su patio de ceremonias . Tras dos veladas sin par (fue los dias 25 y 31..), el alumnado no vaciló en declararlo héroe de la institución. Al evento asistieron todos los alumnos y docentes menos el citado Washington Luna, oriental, que sigue sosteniendo que el ballet es de putos, a pesar de ser un gran bailarín de candombe, ¿será porque siempre baila con la mas fea?..

Mas allá de algún exabrupto de la barra sentimental de racinguistas que en no pocas ocasiones se pasó en los elogios al bailarín, lo que pudimos ver es el estado de éxtasis en que quedó nuestra directora El Hada que vino de Banfield.
Bailó Julio Bocca y tras un salto de poesía nuestra directora perdió varios suspiros y exclamaciones que salieron corriendo como panaderitos fluos por todo el salón.
Así mismo nuestro duende, Hijitus, no se privo de compartir el baile junto al gran Julio. Demostrando un gran dominio de su etéreo cuerpo (que algunos creen que es un ovillito de luz), realizó un pas des deux con la música de Lito Vitale, el único inconveniente fue cuando bailó el fragmento del Quijote porque no le alcanzo el espacio y se dedico a rebotar contra las dulces paredes, actividad ésta que le gusta demasiado....y que provoca risas de arco iris a El hada que vino de Banfield.

Bailó Julio Bocca y en los pasillos de la escuela aun retumban los latidos de los corazones provocados por sus saltos, en el aire esta todavía la vibración que causo en el ultimo giro de la noche...Los alumnos de baile cronopio ( tregua y catala) no quieren volver a clases porque han quedado impresionados..

Y nuestro Hijitus, en un acto emotivo reveló su nombre, algo que estaba solo reservado a los libros de los duendes de los tiempos. Luego de un Giro y contra giro, mirando al publico presente dijo “: Soy Giuliano”. Y la barra aplaudió e hizo sonar los trompetones y cornucopios, Juilo Bocca reverencio y continuo su baile que para siempre quedara dando vueltas por la Escuela Municipal de Hadas...










La noche partida de un grito

Fue un día,
El menos pensado,
Un pedazo de cielo,
Un blanco albatros,
Una nube,
Descendió sobre sus cabezas,
Se les anudó al mentón,
Y se volvieron resistentes a todo.

No hay loco que conciba,
Semejante delicadeza,
Del dolor nace la fuerza,
De un dolor parido y re parido,
Durante miles de noches,
Con sus gritos.

Arrancados sus frutos,
A manos de los peores cobardes,
Apatridas sin condena,
Veremos nosotros,
Que se mueran que se mueran.

Y las madres van,
Giro y giro
Signo de los tiempos para siempre,
Partidas, divididas gritadas,
Madres, abuelas,
Argentinas.



(mercurio)









miércoles, 27 de junio de 2007

BALSAMO

A mis amigos, de la tarde infinita, eterna, de la esparraguera de Giles.


Verde, por todos lados verde. También manchas negras y las manchas de carne, en medio del mar verde vegetal, verde el silencio, la esperanza, la paz, la muerte y el viento.
Mar de pampa verde madre de todo, murmullo telúrico, terroso, verdoso y mas verde aun.

Así, de tarde de verano, el sol que exalta reverberando en las hojas de los álamos, de los eucaliptos y de los sauces próceres.
Es difícil hablar de la compleja simpleza del campo, intento ahora cerrando los ojos.
Primero, la amplitud, el espacio total, la tierra en su cuadratura verde de pastos y alfalfas, en el costado están los árboles como majestuosos pilares de la infinita bóveda celeste, resaltada caprichosamente por furtivas nubes . Cielo abierto, tan abierto que se puede ver a Dios, y por eso bajo la mirada....
Al costado de los árboles lejos de la salpicadura del sol la zanja de barro curiosamente húmeda, mas allá el alambrado como un pentagrama del viento y después mas verde y tierra.
Llega ahora el olor del eucaliptos y del tilo, se funde con el perfume a tierra mojada de la zanja y de algún terreno arado por allá.
El águila barata criolla esta posada por allá indiferente, ya sabemos que no hay que gastar pólvora en chimangos. Curiosa la tijereta en el alambrado mira desconcertada el nido del hornero, mas allá cabecitas negras y jilgueros, griterío de bichos feos y mugidos lejanísimos.
Ahora suspiro de alegría, pongo mis manos en la tierra y me inundo de pampa, apoyo mi cara en la tierra y la madre me lame el rostro, tengo ganas de besarla.
La brisa de verano corretea entre los árboles haciendo que estos se quejen, zumban las ramas como moscas con raíces, siento los dedos de la brisa que viene del sur subiendo por mi espalda y me hunde la cabeza en la tierra y me duermo así, como algo verde .

Pero no estoy solo, si miro bien veo a mis amigos, un auto desafinando en medio del paisaje sueña con volverse caballo, pero es auto y es mío y esta como pastando, mi viejo doce, criollo y valiente .
Ronda de vagos, allí tirados, resabios de un mate amargo que circula por vicio, agua caliente y bostezos . Uno habla ahora, no le entiendo pero me rió, todos en cuero, sin las zapatillas, fumando como para desafiar al aire.
Otro escupe al costado y se detiene como si le llamaran la atención, otro tiene ganas de cagar y tiene vergüenza de hacerlo por allí, detrás de los árboles. Yo también tengo ganas pero me quedo tranquilo mientras la transpiración no aumente, estoy empachado de campo.
Alguien se quedo dormido y le rondan dos abejas, el resto hablamos susurrando y nos reímos lentamente.
Escucho a lo lejos un jinete y un perro, aumenta el viento un poco pero se calma y el jinete y el perro ya no se oyen . Infinita soledad, tengo fiebre de campo, santo campo, soy un naufrago en este mar de pasto y boca arriba el océano inalcanzable, indecible, es un grito murmurado que anda y anda.
Mi amigo fue y cago en la zanja y esta aliviado porque no lo hizo bajo un árbol, muy humano lo de el. Yo me aguanto no tengo urgencia, somos humanos y no poesías, el campo es poesía y lo extraño con mis entrañas y con mi boca.
No puedo olvidar la vez que me beso la madre verde, se adentro en mi alma y no salió.
Así, somnoliento de invierno, detrás de mi ventana de barrio porteño, del sur, me acorde del campo, yo soy ladrillo de ciudad y me gusta la tierra. Hoy que estoy húmedo de urbe, tengo nostalgia de un pago que no es mío pero del que soy parte, al fin de cuentas somos hijos del mismo padre.

El maltes