lunes, 12 de marzo de 2007




Crónica para una milonga


Nunca se puede recordar cuando se da la puntada inicial a una leyenda, es decir, de un cuento que se propaga en la noche infinita de las historias . No puedo recordar mas que el hecho y la circunstancia en que me fue revelada la historia, el resto es puro e incesante devenir.
En un boliche oriental, campo adentro me fue referida la historia de una milonga. No recuerdo su vocero, lo intuyo entre copas y cigarros, sudando ritmo de cuentista solitario cuya verisimilitud a esa altura de las circunstancias no valía la pena indagar.

Lo cierto es que la milonga, canción vieja que huele a tiempo y campos anochecidos, se refería a otra música mas vieja, mas ancestral, mas embrujada: el candombe.
Es urbano, pero una milonga habla de la noche del candombe, habla de ciudad, de barrio sur, habla y pasa de boca en boca, de guitarra en guitarra y de orilla a orilla. No puedo no decir que una milonga son todas las milongas, pero no es cierto que quien la protagonice sea siempre el mismo, al menos Emilio Gauna, se comprobó, son varios. A mi me gusta creer este, el de la historia referida en un olvidado boliche del departamento de Soriano, una noche de verano de un tiempo que irremediablemente se pierde con el otro receptor que fui, ¿ es necesario recordar que ya no soy el mismo?.
La noche venia cayendo pesada, un febrero del tiempo, se iba acomodando entre los adoquines de las calles del barrio sur, mas luego comenzó a devorarse las paredes y la brisa que venia del río. Ya empezaba a sentirse el olor de las fogatas calienta parches, vienen de todos los rincones, olor a pasto y antigüedad, a sonrisa cómplice. No va a faltar poco para que en el aire rompa el “borocoto-borocoto-borocoto-toc-toc-toc” como una ola de mar que rompe en la playa, una ola africana una ola profunda.

Algunos se santiguan, paredes adentro, temen a lo que pueda desatarse en las calles, antiguos demonios, lujuriosos personajes de otros confines se mezclan con los conocidos de siempre y se vuelven gigantes dueños de la noche.
Farolas amarillas, humo de frituras y un juramento de tiempo atrás que revive con el cruce de miradas de dos extraños. Saltan los tambores por las esquinas, ya levantan presión los parches, duelen las cuerdas de repique, de piano, de chico, duelen las manos pero se sigue, en honor a los anteriores, a los que dejaron en las paredes del barrio sur de Montevideo sus ecos, sus voces. Canta el negro de dientes amarillos articula su engaño o su verdad a plena voz :
“ne-ia ne-ia cumbaia-nagata”
alza las manos al cielo y las baja a tierra enterrando su pena . Hacen el amor tras las sombras, se bebe de mas, y el zambo que exuda coraje y busca, va lentamente encontrando su enemigo.

Comentan en el Barrio que el zambo viene de Treinta y tres o tal vez de Rivera, demasiado lejos del pago, ¿y viene a cumplir su destino al Barrio sur? ¿Qué misterio rodea su destino de hombre de tierra adentro? Viene a cobrarse una deuda de tiempo atrás, o tal vez a dejarse llevar, ni ganar mi perder, dejarse llevar.
Alguien sabe lo que va a ocurrir, las voces suenan mas fuerte y las mujeres ríen abrazadas a sus morenos, se mezclan y las olas de África reviven entre las piedras de la calle
“ o-je o-jee imbambue / kalunga – kalungangue”
“ o-je o-jee imbambue / kalunga – kalungangue”



y el río de testigo se presenta a plena brisa.
En una cortada relucen los puñales con los repiques de fondo, hay pasos pesados y sudor, venganza y coraje se funden en un odio improvisado.
Y viene el tiempo de la sangre, uno va cayendo al silencio;
“ kalunga- kalungangue- oje ojee”
y brota la sangre que borra el juramento, la cuenta nunca se salda del todo y entre la luz trémula de la farola de una calle olvidada del barrio sur uno ha quedado mirando a los demoños sin injuriar sus pasos.

A esta altura la milonga tiene su héroe, tiene su poema de sangre y una leyenda mas que contar. “Las cosas se tejen en torno a los que no están” , tierra adentro esta máxima se cumple casi siempre.
La voz del cantor oriental, voz recia y nasal quiere recordar una historia, ya no se es la misma que yo recuerdo, pero es la que se propago por el río y se nos adentro implacable. ¿Que importa la sucesión de hechos? ¿cuan distinta será la milonga?

No importa, se sabe que: “Emilio Gauna murió en Palermo, en una noche de carnaval, el dolor se le fue como por artimaña, vaya uno a saber, lo que quiso Gauna...”
Ya no puedo saber quien fue el protagonista, me gusta, repito, intuirlo asi.


Washington Luna - El Maltes
Referencias en Jaime Ross, sigan escuchando el cuento ahi

1 comentario:

Anónimo dijo...

jamas podre corregirte washignton!